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Tensión alta

06 Mayo

La fuerza que ejerce la sangre circulante sobre la paredes arteriales se mide como presión sanguínea.

El consumo de alimentos y bebidas desequilibradas pueden causar presión sanguínea elevada y desencadenar en aploplejía,  enfermedad cardíaca coronaria, paro cardíaco, paro renal u otras condiciones circulatorias graves.

El mecanismo por el cual ocurre la hipertensión según la medicina oriental provee comprensión sobre este proceso indicando como los extremos en la alimentación afectan al rendimiento cardiaco, pulso, elasticidad arterial y resistencia de las paredes arteriales, subiendo y bajando la presión sistólica, la diastólica o ambas.

 

Entre los alimentos expansivos que más elevan la presión son azúcares, harinas refinadas y dulce, lácteos, queso ligero, fruta trópical, estímulantes, especias y solanáceas.

Entre los alimentos contractivos que generan fluctuaciones en la presión sanguínea están el consumo repetido de carne, huevos, aves, excesos de sal, cuyos colesteroles y grasas saturadas contraen las arterias y los pequeños vasos que conectan las arterias con los capilares.

Endureciendo, engrosando y obstruyendo las paredes arteriales, aumentando la resistencia del flujo de sangre en los capilares, forzando la elevación de la presión diástolica para mantener el equilibrio.

Si una persona hipertensa continua consumiendo azúcar, refrescos, café y otras sustancias el corazón pierde toda su fuerza contractiva y como resultado la presíon arterial se vuelve peligrosamente baja (hipotensión).

Para mantener un corazón sano y como consecuencia una presión arterial equilibrada es necesario una dieta balanceada donde los carbohidratos complejos (cereales integrales en grano), las verduras, las legumbres, las frutas de estación, las semillas, las algas, el aceite de primera presión en frío, fermentados naturales, sal marina no refinada,serán la base de la alimentación diaria.

La piel nos puede enseñar el estado de nuestro corazón. Si el corazón está demasiado expandido acompaña generalmente un color rojizo en el rostro, excepto durante un día frío o al sonrojarse, cuando se tiene de forma cotidiana esta tonalidad roja indica una tendencia a la hipertensión. Si el color rojo por abuso de alimentos desequilibrados se torna púrpura indica una sobre expansión peligrosa del músculo cardíaco y la hipotensión que a menudo prosigue.

El rostro pálido indica que el corazón se ha contraido demasiado debido a un consumo exagerado de carnes,lácteos y sal refinada.

Un color amarillento indica a menudo desórdenes biliares, hepáticos o vesiculares.

El color azulado puede acompañar problemas del hígado, las sombras marrones y oscuras significan dolencias renales y las verdes son señal de quistes, tumores o cáncer en desarrollo.

En la nariz, que refleja más especificamente el estado del corazón, se pueden diagnosticar disfunciones tempranamente. A lo largo del meridiano del corazón que recorre los brazos finalizando en el meñique se puede hacer un diagnostico precoz.


Patricia Restrepo, consultora macrobiótica es la autora de este interesante artículo sobre la hipertensión y su visión desde la medicina oriental.

 

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